
No levantes la vista de tus expectativas. Date cuenta de que son ellas las que te llevan a un sitio o a otro. Comprueba adónde te están llevando. Sé riguroso. Insiste en lo mejor. Aegúrate de que tus expectativas son las mejores.
- Espera más: ahora mismo escribe "grandes expectativas que estoy alimentando ahora sobre mí mismo y sobre mi vida". Pon algo en esta lista inmediatamente. Mantenla abierta y sigue haciendo anotaciones. Es una manera fabulosa y rápida de abrir la mente a excitantes posibilidades. Aun cuando no hagas absolutamente nada práctico para satisfacer estas expectativas, el mero hecho de plasmarlas por escrito te pone en camino para que las satisfagas. La lista debe tratar de lo que de verdad te gusta. No has de poner tonterías, como que quieres crecer 20 cm. Es para cosas que eleven tu espíritu: promover algún proyecto laboral, hacer un viaje, estudiar, leer, escribir, conocer nuevos amigos, participar en algún acto... que sean cosas alcanzables por ti.
- Espera lo mejor: si tus expectativas influyen en los resultados, entonces convendrá que prestes más atención. Anticipa el éxito, el resultado positivo de todo lo que estás trabajando durante el día. Espera lo mejor cada día, y toma los días de uno en uno.
- Cambia al alza: las expectativas se quedarán pequeñas, por lo que convendrá elevarlas de vez en cuando. Las expectativas no son para siempre, tienen un plazo de caducidad. Comprueba la fecha de las tuyas para mantenerlas frescas y vibrantes. Si las expectativas de partida se te han quedado pequeñas y la vida se te antoja manuda o "siempre lo mismo", tendrás que cambiar al alza. Ten en cuenta tus posibilidades físicas, económicas, emocionales... porque si no te podrás llevar alguna que otra decepción. Calíbrate y aproxima esas expectativas a tus propias aptitudes. Y una vez conseguidas, observa adónde has llegado y date unos golpecitos de felicidad en la espalda por tus progresos. Dite "lo he hecho bien".
- Espera caer bien: la vida es mucho más fácil y placentera si das por supuesto que le caes bien a la gente. Te relajarás, sonreirás más, respirarás más a menudo, bajarás los hombros, se te verá más fresco, más simpático. ¿Y adivina qué? La gente te responderá de un modo diferente. Ponlo a prueba y, a partir de ahora mismo, opta por la expectativa de que "voy a caer bien". Dondequiera que te encuentres y en cualquier momento, anticipa que toda la gente que te encuentres sentirá simpatía por ti, te encontrará atractivo y le caerás bien. Pero trabaja para conseguirlo (si por ejemplo a un vecino con el que te cruzas todos los días y a la misma hora no le decimos ni "hola" pues no haremos nada... en cambio vereis cómo cambia la cosa si a partir de cierto día y aunque este vecino no nos dirija ni la mirada, con un simple y sincero "buenos días" nos responde amablemente).
- Revisa tus expectativas: es importante hacer también una lista de aquellas expectativas negativas, aquello que no sirve para nada no nos es útil, que nos limitan a nosotros y a nuestra vida. Debemos recogerlas y darle al botón "suprimir". Mantén abierta esta línea de investigación, y añade elementos a medida que la basura emerja a la superficie. ¡Pero tenla a raya! Es un lastre.
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